Perogrullo, Neruda… y yo

Perogrullo tal como aparece en mi gran Larousse Universal Ilustrado de 1962 es un personaje imaginario que da por hecho o mejor dicho, da por dicha una verdad entre comillas a resultas que la necedad y la intrepidez van de la mano muchas veces y campean entre los más conspicuos en el arte de manejar la sin hueso.

Se dirá que no hay palabra mal dicha sino mal interpretada, pero eso depende de la burra como decía Galo, ese inolvidable amigo, cuando le preguntaban la hora.

Hay muchas formas para bien entender si el pitecantropo que esta a tu lado te lanza un “halago” muy sospechoso y no sabes cómo reaccionar, si darle un beso en la frente o agarrarlo a coscorrones. Peor aún si estás en desavenencia con la cerveza que desde hace rato llevas adentro…

A mi me pasó.

Eran los años maravillosos cuando tenía mucho pelo en la cabeza y por la moda también lucíamos unas tremendas patillas, que igual que los cabellos casi llegaban a los hombros.
Fue una tarde de domingo, los tragos iban y venían en una cancha de gallos cuando derrepente, inesperadamente, un fulano se me acerca y me dice: “Te pareces tanto… pero tanto a Nino Bravo, como un burro se parece a otro burro…”
Quedé atónito, no sabía si agradecerle o hacerme el estúpido. Opté por lo más seguro y prudente, salir al baño a orinar y sin tener una pizca de ganas. El tal por cual era fornido, bien “agarrao” y ligeramente más alto que yo; no más grande…

Escribo todo ésto a propósito del buen hablar y mejor entender las palabras; a algunos meses de abril en que se conmemoró el Día del Idioma; el cumpleaños 459 de Miguel de Cervantes considerado Padre de la lengua castellana; a César Vallejo nuestro grande entre los grandes poetas peruanos; a Shakespeare el más notable poeta dramático de Inglaterra y que por curiosidades del destino moría el mismo año que Cervantes, 1616.

Y también como homenaje a Rebecca Martín que el 25 de Agosto cumplió dos añitos de edad, con los mejores deseos que en el futuro siga los pasos de este vate que es su abuelo, tras las letras.

Luego, con las disculpas del caso prosigo con el relato.
Cuando aún era joven y en el amor creía, aquisito nomás a la vuelta de una esquina en el tiempo, me topé con una obra cuasi autobiográfica de Pablo Neruda y al terminar de leer el capítulo en que se refería específicamente a cómo habíamos heredado el idioma y las palabras de los conquistadores torvos, quedé anonadado por la emoción. Fue para mí algo grandioso, como surtido de golosinas… como paladear helados multisabores… arroz vicuña… mazamorras de Viernes Santo…
El libro me lo prestaron así que más temprano que tarde debía devolverlo y antes de hacerlo copié afanosamente y con todas sus comas lo que consideré interesante pensando en que algún día compartiría con otras personas esta belleza.

Una vez más me enorgullecía de mi herencia idiomática y me comprometí a impulsar su reconocimiento y admiración. En consecuencia, ínstoles a todos ustedes a que de ahora en adelante se propongan a leer más, a hablar bien y a escribir mejor. Como señalan los filósofos, todo es cuestión de buena voluntad y tesón. Lo demás son alcahuetadas, mondas y lirondas.

Por esa época también empecé a garabatear mis primeras inquietudes y recuerdo con nostalgia estos versos:

“Cuando pases a la vera
de mis sueños, sonríeme
y cuando vuelvas presurosa
de tu séptimo cielo, abrázame.
Entonces sabrás que mis
penas se habrán ido
y que tu amor y mi amor
no pasarán al olvido…”

Al respecto les cuento que no faltaron los bárbaros atilas que se hacían cruces y no entendían cómo iba a ganarse la vida una persona haciendo estas cojudeces. Imberbes de frente y mente plana, lo mío era natural y hasta vulgar pues andaba enamorado probablemente de alguna peladita del barrio. Así de simple y conciso.

Y para seguir con lo mesmo, ahora volveré al siglo XXI para alcanzarles unas frases un tanto interesantes como para moverles un poco su capacidad de reflexión y crítica. Yo no sé si serán “perogrulladas” pero aquí se las dejo como regalo especial y haciendo ejercicio de ideas y palabras. No importa que los eruditos o los que fungen de sabios levanten o bajen el pulgar. Lo que sí sé y me consta es que son cosecha pura de este pechito cuya sesera, espero, no se agote antes de tiempo.

Ojo y oreja:

El tiempo es oro solo para los agiotistas
La perspectiva crea expectativa y viceversa
La naturaleza de las cosas es discutible pero inobjetable
Aunque no sea verdad, no hay novia fea ni muerto malo
Los gatos y las mujeres en la oscuridad son pardos
A los calvos les han tomado mucho el pelo
De las malas lenguas y las pulgas, líbranos Señor
Al enano mental se le aúpan las dificultades
No por mucho madrugar la vecina te va a cobijar
Para el derrotista inveterado nada es mejor que lo peor
El mordaz con la lengua muerde
El narigón prefiere mantener un bajo perfil
“Mea culpa” es cuando un niño confiesa haberse orinado en la cama
Hoy marido infiel, mañana pobre de él
Los locos creen estar en su sano juicio cuando están entre ellos
Lo demuestran los hechos, al promiscuo no le faltan lechos
El amor es incondicional cuando las hormonas superan a las neuronas
Quién niégase a ser mejor, no deja la alfalfa por el alfajor.

Y para concluir, carísimos lectores, les participo modestamente que me gusta mucho leer y escribir. A la par, deseo ser un libre pensador en el buen sentido de la palabra y trato también de no ser un escribidor. Sin ataduras, claro está, ni escuelas ni estilos y lejos por supuesto de los monstruos de la pluma y el pensamiento creativo. Pero eso no me amilana, pues seguiré dándole a la matraca con mucho esmero mientras el señor alzheimer no me pase lista y no sepa quién soy… o la señora parca, solícita, me guiñe el ojo.

Hasta la próxima y Feliz Año 2007.

Alberto Nájar
AREQUIPA, 2006

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