LAGUNAS DE MEJÍA

LAGUNAS DE MEJIA : TRIUNFO DE LA  VIDA
Por: Bárbara D’aquile

1. Introducción
2. Mejía
3. Cinco Lagunas
4. Aves Migratorias

Introducción

El ser humano puede pasar más de un mes sin comer, pero resiste sólo pocos días sin tomar agua.  Por lo tanto, resulta extraño que el hombre aún no otorgue la debida importancia  a las zonas  donde este vital elemento existe.  Es más, contamina lagos y ríos y drena áreas pantanosas, sin darse cuenta  que con ello está interfiriendo con el origen mismo de la vida, la suya propia y la de todo ser viviente.

Los “humedales” –zona donde el agua aflora formando esteros, ciénagas, pantanos, puquios, manglares, lagunas – ya estén en los desiertos  costeños, en punas y valles andinos, o en llanos selváticos, atraen gran cantidad de animales.

Es obvio que la mayoría  de seres necesita beber agua diariamente. Pero fuera de suplir este requisito primordial, en esta áreas, muchas veces fangosas y hasta fétidas, se genera una increíble  variedad de vida que, a su vez, proporciona alimento a numerosas especies que viven en sus alrededores: crustáceos, moluscos, peces, aves, mamíferos.

Por esto, cuando en 1981 se comenzaron a drenar las Lagunas de Mejía – cercanas a Mollendo, en el departamento de Arequipa – se puso el grito en el cielo.

En 3000 Km. de costa desértica, desde Piura a Copiapó (Chile), sólo quedan dos zonas de importancia donde las aves migratorias pueden encontrar descanso y alimento: Paracas, y las Lagunas de Mejía.  Estos lugares son también hábitat permanente de numerosas especies locales.  Y en ellos se reproducen mariscos y peces de consumo humano: camarones, liza, pejerrey.

En verdad, drenar una zona generadora de tanta vida, para sembrar arroz, no tiene sentido.  Si bien es cierto que este cereal es importante para la vida humana, se debe poner en la balanza el beneficio proveniente de la producción de proteínas en el mismo lugar, así como el vital papel que desempeñan las aves en la ecología del planeta.

En efecto, la preocupación de científicos y conservacionistas por desaparición de especies aladas no se debe al simple hecho de que son bellas, interesantes, o que por ser obra de la naturaleza deben ser preservadas.  Todos estos serían argumentos de por sí válidos, pero el argumento más incontrovertido es que las aves cumplen importantes fines prácticos.

Se alimentan de insectos, y de esta manera constituyen controladores naturales de plagas; polinizan plantas y árboles; dispersan semillas y así contribuyen  a propagar la vegetación natural; y las aves de presa ayudan a reducir la población  de roedores y serpientes.

Felizmente, debido al esfuerzo personal de varios arequipeños, las autoridades del Ministerio de Agricultura tomaron conciencia del caso, y los trabajos de drenaje fueron paralizados.  Las lagunas, que por un breve tiempo quedaron completamente secas, volvieron gradualmente a recobrar vida.

Desde 1983 esta zona de 690 hectáreas, situada junto al mar, es Santuario Nacional, lográndose finalmente estructurar dispositivos  legales que permiten la coexistencia de un programa de conservación con otro de desarrollo agrícola , ya que parte del área, situada al otro lado de una carretera, está destinada al cultivo del arroz.


Cinco Lagunas

Cada una de las cinco lagunas, más el estuario formado por la desembocadura del río Tambo,  y las playas circundantes, tiene características particulares, debido a las diferencias en la salinidad del agua, lo que a su vez produce variaciones en la flora.

Esto resulta en una variedad de micro hábitat; evidencia de ello son las diferentes especies de aves, en las diversas lagunas, según sus preferencias.

La zona es importante para nuestras aves andinas, ya que muchas de ellas bajan de las altura para alimentarse o refugiarse en los humedales, especialmente en años de sequía en la sierra.  Así, periódicamente, pueden verse por ejemplo grupos de rosadas marihuanas, cuyos jorobados cuerpos se estiran al tomar vuelo, desplegando un haz de rojas y negras plumas.

Mejía es de importancia vital para garzas y patos, y en sus lagunas anidan numerosas especies de estas bellas aves.  En los totorales que rodean uno de los lagos pudimos observar, en pocos minutos, seis variedades diferentes de garzas.



aves.

LAGUNAS DE MEJÍA 

Es uno de los pocos lugares en el mundo donde se encuentra la gaviota de capucha gris, la cual tiene una extraña y dispersa distribución en el planeta.  Habita en el África, al sur del desierto del Sahara; en algunos lugares de Argentina y Brasil, notablemente a lo largo del río Paraná;  en Ecuador y Perú.  En las costas de Sudamérica  se reproduce sólo cerca de Guayaquil y de Piura; en Laguna Grande ( Paracas), y en Mejía.

Hasta aquí llega la gaviota de Franklin en sus migraciones anuales; ave que ha merecido un monumento por los agradecidos habitantes de la ciudad de Salt Lake City, en Utha, EE.UU.  Según las tradiciones, durante el primer año de colonización las tradiciones, durante el primer de colonización  de esa zona, los cultivos estuvieron a punto de sucumbir devorados por una avasalladora plaga de insectos: las langostas.  Cuando los nuevos pobladores deban todo por perdido, llegó una gran bandada de gaviotas de Franklin que comieron los bichos, salvando así las cosechas y la incipiente colonia.

El Santuario de Mejía es lugar de paso o de veraneo para numerosas otras aves migratorias, notablemente los playeritos, algunos de los cuales anidan en el Ártico.  Estos describen un enorme círculo anual, ya que recorren las costas atlánticas de Norteamérica, cruzando todo el continente, hasta el Océano Pacífico, para venir  a América del Sur, llegando a Tierra del Fuego.  Es increíble que esta diminuta ave, de menos de 10 gramos de peso, recorra tan enormes distancias, volando días y noches sin parar, cubriendo más de mil kilómetros de un solo tirón.

El récord de distancia migratoria lo lleva el gaviotín ártico, que recorre unos 40 000 km anualmente.  Otros números referentes a aves migratorias son realmente extraordinarios.  Algunas vuelan de 2500 a 3000 km sin parar.  La velocidad de crucero de las aves pequeñas es de unos 48 km por hora, los vuelvepiedras llegan a 80 y algunos patos a los 95 k.p.h.

Las alturas de vuelo están generalmente entre los mil a mil quinientos metros,  pero registros de radar han mostrado que pueden llegar a los  6,500.

Para estas aves, la posibilidad  de detenerse a descansar y alimentarse, recuperando energías para continuar su largo viaje, va disminuyendo a medida que los humedales se convierten en tierras cultivadas y lugares habitados.

Pero el Santuario de Mejía es uno de los lugares que ha asegurado la supervivencia  de aves locales y del mundo, que es el nuestro  también.