DANIEL CARPIO MAZIOTTI: “CARPAYO”

Por: Efraín Astete Choque

El pasado agosto dejó de existir Daniel Carpio Maziotti: “Carpayo”, el famoso recordista acuático, quien estuvo a punto de cumplir 100 años. Esta es una prueba de los beneficios que el deporte aporta al ser humano; en el caso de “Carpayo”, la natación.

El mollendino que ubicó al deporte peruano en grandes titulares internacionales siempre se aficionó por la vida metódica, ordenada, sana. Este fue uno de sus secretos, el otro, practicar con constancia una disciplinatan completa y variada como la natación.

“Carpayo” en lo mejor de su juventud derrotó a los más consagrados nadadores suramericanos: al argentino Pepper y al brasileño Núñez, rompiendo diferentes records en 100 y 200 metros. Allá en el lejano 1934 el tritón porteño escaló a la cima de los grandes del deporte nacional.
Daniel Carpio se alejó de las competencias cortas e incursionó en las de gran aliento. Quería encumbrarse en la natación épica, a cielo abierto, con la correntada y el Sol abrazándole el cuerpo. Cruzó el Río de la Plata, el Canal de la Mancha y el Estrecho de Gibraltar.

Esas proezas deportivas se dieron a conocer por todas las rotativas y agencias de noticias mundiales. La juventud peruana y de Islay disfrutó estos triunfos. Es por todo ello que el formidable “nadador negro” es recordado. En cada brazada pensaba en Mollendo, en el Perú, en los estudiantes y deportistas de su querida patria.

Es que Daniel Carpio pudo lograr mayores hazañas en la natación, en 1936, en las Olimpiadas de Berlín. En efecto, “Carpayo”, estaba en la plenitud de sus facultades físicas y con facilidad iba a derrotar a los europeos, en especial a los alemanes. Hitler no podía aceptar que el vigente campeón suramericano humille a la “raza aria”. La delegación peruana retornó al país ante el agravio que se le hizo al seleccionado nacional de fútbol y “Carpayo” no pudo dar ni una sola brazada en los Juegos Olímpicos.

“Carpayo” soñó con el título mundial, eso, no pensando en su gloria, sino, en la de Mollendo y la del Perú. Tenía todo calculado, dadas las condiciones estaba en la posibilidad de alzarse con medallas olímpicas. Esa frustración de “Carpayo” hizo que se vuelque al mar, al océano, al Pacífico, al Atlántico y navegar sin botes por las rutas de Magallanes, de Américo Vespucio, de Colón.

Es en el amplio océano que Daniel Carpio se volvió a unir con Mollendo, en ese lazo intentó encontrar la paz perdida, la ilusión ida, el ideal trunco.